domingo, 20 de enero de 2013

¿GRUPOS DE RIESGO O PRÁCTICAS DE RIESGO?


¿GRUPOS DE RIESGO O PRÁCTICAS DE RIESGO?

Una de las preocupaciones que me rondan entorno a la violencia hacia las mujeres es el descuido de muchos maridos que habiendo tenido relaciones sexuales de riesgo -lo cual implica una no protección de sí mismos- tampoco protegen a sus mujeres en el momento de tener relaciones sexuales con ellas. Es un dato comprobado que una de las enfermedades de transmisión sexual de la plaga que más asusta hoy, el VIH/Sida, está aumentando su transmisión por vía heterosexual y que muchos de los casos de mujeres infectadas lo han sido por mantener relaciones sexuales con su marido. Lo cual implica hablar más de prácticas de riesgo que no de grupos de riesgo cuando pensamos en la falta de prevención. No es necesario ser promiscuo para poder ser infectado.  Sólo es necesario haber estado en contacto con la sangre o el semen, de alguien infectado. Un promiscuo que se protege con el preservativo está mucho menos expuesto que un  hombre monógamo que no se protege. Otro de los datos que se silencia bastante es que el semen tiene una carga viral muchísimo mayor que el flujo vaginal, lo que quiere decir que el contagio del Sida es mucho más alto estadísticamente de hombre infectado a mujer, que de mujer infectada a hombre. Por esa razón las estadísticas hablan de una feminización del SIDA. Sin embargo, muchos hombres se niegan a utilizar el preservativo porque son presos de una fantasía omnipotente que les hace creer que a ellos no les va a pasar nada. Y cuando se enteran de que sí les ha pasado, no protegen a su mujer por aquello de que son "una sola carne" como dice el mandato bíblico, -una sola carne de género masculino, con una mujer a su disposición a la que se le niega la alteridad-. El amor romántico refuerza en las mujeres el prototipo de género que les exige incondicionalidad y las hace sentir culpables a la hora de poner límites y cuidarse.

CLAUDIA TRUZZOLI


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