domingo, 3 de marzo de 2013

VIOLENCIA MACHISTA, ANTÍTESIS DE LA PARIDAD


VIOLENCIA MACHISTA, ANTÍTESIS DE LA PARIDAD

Siguiendo con el tema el tema de la violencia doméstica heterosexual, -eufemismo que oculta que la violencia es machista- y centrándonos en el comportamiento de los hombres violentos, es importante establecer un diagnóstico diferencial en lo que respecta a lo que se considera normal. Digo que la violencia es machista porque al margen de quien la ejercite, sea éste un hombre o una mujer, tiene en común el afán de dominio. Y también digo que es machista porque según las estadísticas, son mayoritariamente y de forma abrumadora, hombres quienes la ejercen.Ciertos hombres que se comportan de una manera violenta, no se consideran a sí mismos violentos sino cumpliendo con un deber ser de acuerdo a los roles genéricos, o sea, respondiendo a lo que ellos consideran que debe ser la conducta de un hombre cuando las mujeres les ofrecen resistencia. Frases tales como "tenía que hacerle saber quien manda", "ella tiene que obedecerme porque yo merezco respeto", "llego a casa cansado, con ganas de cariño y ella se niega a tener sexo", todas ellas frases que denotan no sólo una superioridad jerárquica incuestionada sino en su extremo, una negación de la alteridad. Toda negación de la alteridad produce violencia porque cualquier frustración será vivida como un ataque personal. Por ejemplo, "si ella me quiere no debería hacerme esto" cuando en realidad el hacer o no hacer de ella puede no tener que ver con la relación con él, sino con un deseo propio. Los varones que piensan y actúan así se muestran enormemente fieles a imperativos de rol que no son vividos como tales sino como una manera de ser natural. "Yo no soy violento, los hombres somos así" es una afirmación que responde a una interiorización del maltrato a las mujeres como algo natural y a veces justificado como algo necesario. Estos son los hombres que la sociedad en general considera normales, excepto cuando se pasan y agreden gravemente o matan. Estos hombres, considerados "normales" son los que confunden también las conductas de galanteo con el acoso sexual convirtiendo a las mujeres en objetos potencialmente acosables o violables, porque en el fondo creen que "cuando una mujer dice no en realidad quiere decir sí". Ideas como que "ella me provocó", "qué hacía por la calle a esas horas de la noche", "por qué va vestida de esa manera", "algo habrá hecho para que la violaran" son prejuicios muy arraigados en el imaginario masculino y a veces en el femenino. El vestirse de una manera que intente despertar el interés erótico de un hombre no significa que eso sea sinónimo de querer ser violada. Sólo en el imaginario masculino, tan poco proclive a matizar diferencias subjetivas, se puede operar un reduccionismo motivacional en las mujeres que se adapta muy bien a la proyección de las fantasías eróticas masculinas. También es una afirmación equivocada creer que las fantasías de violación, a veces presentes con frecuencia en el imaginario femenino son sinónimo de querer ser violadas. Estas fantasías son en realidad una llamada imaginaria a una figura de hombre potente capaz de despertar el deseo sexual, pero no significa que sean la expresión de ser violadas en la realidad. No reconocer el abismo que media entre la fantasía y la realidad es propio de la subjetividad masculina mucho más cercana a la posibilidad de franquear ese abismo. Posibilidad que la acerca a la perversión. La sensibilidad en las mujeres es mucho más compleja y sin embargo, mucho más accesible de lo que una sensibilidad machista cree, cuando se la respeta. Nada en el amor se consigue por coacción ni por violencia. Una frase sostenida por la pedagogía negra, así llamada a la de la letra con sangre entra, dice: “témeme, luego me amarás”. El hombre machista toma esta afirmación como verdadera y representativa de lo que tendría que ser su conducta con las mujeres para sujetarlas. Pero pasan por alto un detalle importante. Las últimas estadísticas que nos hablan de las primeras elecciones eróticas de las adolescentes, nos muestran que eligen como pareja al compañero más bruto, más “varonil”, como primer ensayo. Esto correspondería a la fantasía del hombre potente, que sería capaz de protegerla contra las adversidades de la vida,  pero cuando constatan por propia experiencia que ese vínculo solo les trae inconvenientes que les cercenan posibilidades de desarrollo de deseos propios, dirigen su próxima elección de pareja al chico más sensible, que se muestra más capacitado para entenderla y tratarla de manera más equilibrada, que no la agobia con celos posesivos sin fundamento, que no la controla, que no la llama al móvil muchísimas veces para saber qué hace, donde está, con quien habla, que no la asfixia su necesidad de satisfacer otras necesidades aparte de la de estar en pareja, que acepta a sus amigas y amigos, que su tiempo no sólo sea para él, sin  que eso suponga menos amor, sino por el contrario, la posibilidad de un vínculo más saludable y enriquecedor. Los hombres machistas no entienden esto. Y menos aún, el hecho de que después de tantos años de estar vinculados, haya mujeres que quieren separarse. Es que todo abuso de poder tiene un límite en la paciencia de quien lo soporta. 
Pero aún más peligrosos pueden ser aquellos que se presentan con una doble cara, en su trato social se muestran encantadores, amables, seductores, suelen ser considerados muy buenas personas, porque son hábiles manipuladores que saben como captar la simpatía ajena. pero en la intimidad suelen mostrarse fríos, calculadores del daño a provocar para conseguir la finalidad destructiva que pretenden. Suelen ser muy astutos a la hora de ocultar sus verdaderos sentimientos y se hacen pasar por víctimas de quien pretenden destruir. Logran convencer a los demás más porque saben como provocar la desestabilización en su pareja en momentos claves para que quede en evidencia, como por ejemplo cuando están a punto de recibir amigos o van a alguna reunión, elegir justamente un tema conflictivo que lsabe que la hará sentir muy mal antes de entrar a la reunión, o sea, cuando ella no puede hablar de su malestar, pero si se muestra agresiva, le sirve a su compañero de evidencia de lo mal que ella lo trata. Una inversión de la situación real, donde él queda en la sombra con su proceder maquiavélico.    
   
CLAUDIA TRUZZOLI

2 comentarios:

  1. quiero saber si eso tiene cura tengo un hermano goldeador

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  2. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJA, quiero hablar con el hombre a cargo

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