sábado, 4 de mayo de 2013

DIVERSIDADES FAMILIARES



La palabra familia viene del latín  famulus y significa sirviente. Un viejo dicho europeo define la familia como “aquellos que comen de la misma olla”. Esto nos hace pensar en la empleada doméstica conviviente con la familia como parte de la misma, como también se consideraban parte de ella en la Antigua Roma todos los que habitaban en el mismo espacio común. Según definiciones de diccionario, en España,  la familia se define como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas bajo la autoridad de una de ellas y otra definición inglesa, como una unidad de personas interdependientes involucradas en transacciones íntimas que comparten recursos, responsabilidades y compromiso a lo largo del tiempo. En esta definición no está tenida en cuenta ni la consanguinidad ni la filiación ni el linaje familiar, pudiendo aplicarse a cualquier grupo de amigos que comparten su vivienda y su vida. Esta definición se corresponde con el carácter más democrático de la familia de nuestros días donde existe una jefatura compartida y un poder más descentralizado porque no hay un solo ingreso ni siquiera uno mayor que otro que aportaba el padre en la familia tradicional. Una serie de televisión que tuvo gran audiencia en su momento, Física o química, nos muestra la plasticidad de los vínculos y las alianzas que se establecen entre los distintos personajes tanto a la hora de establecer lazos eróticos que no solo se limitan a la heterosexualidad, como a la hora de establecer una convivencia, donde también se saltan barreras tradicionales en cuanto a edades de los que se emparejan. Por lo tanto, el concepto de familia no es unívoco e inmutable y para definir que es una familia existen diferentes criterios dependiendo de cada época histórica, lo que muestra la naturaleza ideológica del concepto, más aún si se pretende dar una definición atemporal, que respondiera a una esencia de la familia que pretendiera reflejar una única verdad para definirla. Donald Winnicott, reputado psicoanalista inglés, dio especial importancia al desarrollo de la creatividad como una aptitud que permite el bienestar subjetivo, además de los vínculos emocionales. Simone de Beauvoir en El segundo sexo, más allá de cualquier referencia ilusoria a estados ideales de felicidad, también privilegia las uniones que favorezcan que cada miembro desarrolle sus potencialidades creativas. Ese tipo de alianzas familiares supone que se hayan pactado ciertos acuerdos que permitan el libre despliegue de proyectos personales dentro del marco familiar y que tales intereses se sostengan dentro de un equilibrio que no signifique ni la sofocación de intereses propios ni el descuido de los compromisos necesarios para mantener la unión familiar. Si nos detenemos a pensar en esto llegamos a la conclusión de que es muy difícil establecer ese equilibrio en la actualidad, sobre todo por la crisis económica que paraliza y limita la realización de muchos deseos propios, pero también por razones afectivas es difícil. Prueba de ello es que antes de que estallara la actual crisis, ha habido muchas rupturas del vínculo familiar, intentos de nuevas uniones posteriores al divorcio, familias recompuestas con hijos de unos, de otros y los propios de la nueva unión matrimonial, el alto porcentaje actual de singles de ambos sexos que no quieren renunciar a la libertad de decidir sobre sus proyectos vitales por las ataduras familiares, las nuevas familias monoparentales que deciden criar a sus hijos prescindiendo de una pareja como proyecto familiar, las homoparentales, que parecen optar por vínculos y alianzas familiares menos estereotipadas en los roles tradicionales atribuidos a hombres y mujeres pero que tampoco renuncian a la maternidad ni a la paternidad. Por lo tanto no resulta nada conveniente sostener un discurso totalizador acerca de qué es una familia con la ilusión de que el mismo ordene la experiencia al darle una coherencia que resulta tranquilizadora pero que tiene el inconveniente de no reflejar la realidad social de las uniones familiares, que es mucho más diversa y compleja de lo que un pensamiento conservador quiere creer poniendo el énfasis en la familia nuclear tradicional como la verdadera familia.

Muchos investigadores tanto sociólogos, antropólogos, historiadores y psicoanalistas se han preguntado cuáles son los orígenes de la familia, que es lo que impulsa a los seres humanos a acoplarse en una alianza que supone un compromiso tanto individual como comunitario para defenderse frente a las intrusiones de terceros. No es suficiente invocar la sexualidad como impulsora puesto que no siempre en la historia las alianzas se debían a este motivo, que aunque presente, no era suficiente para justificar el matrimonio. En épocas del Antiguo Régimen los grupos de pares organizados de acuerdo a criterios de edad y sexo eran grandes organizadores de la vida social. Participaban en los nacimientos, las bodas y los funerales que eran acontecimientos comunitarios. Luego de contraer matrimonio la vida social de los hombres se desenvolvía en el bar o en pequeños clubes privados y las mujeres convocaban reuniones para hacer trabajos manuales e intercambiar información. Las trasgresiones al orden social eran multadas o bien sancionadas públicamente con objeto de defender una moral compartida por los demás. Por ejemplo, cuando un marido no controlaba el adulterio de su mujer, se impugnaba el dominio masculino  o si nacían niños ilegítimos, se alteraba el régimen de alianzas. La violencia masculina era penalizada durante un mes especialmente dedicado a las mujeres, pero era castigada con menos énfasis y con mayor lentitud que la femenina. Por tanto, el grupo corregía o expulsaba a los trasgresores a través de encerradas, por ejemplo, a los jornaleros que se casaban con las viudas de sus amos, lo cual ya suponía un cruzamiento de clase social.

El amor romántico surgió en Europa a fines del siglo XVIII y comienzos del  XIX en las clases medias, como resultado de una huida de los controles familiares y un deseo de libertad, posibilitado por la posibilidad de conseguir empleos pagos para las mujeres lo que aumentó su búsqueda de amor y de sexualidad.  Este hecho apartó a la pareja de la supervisión sexual comunitaria privilegiando el afecto, la creación de un nido sentimental para que refugiara a la familia moderna apartándola de la interacción con el mundo que la rodeaba. Esto significó una revolución sentimental en los afectos que no fue ajena a un proceso de estratificación social de clases, rompiendo la homogeneidad social anterior que privilegiaba los vínculos y el control comunitario de las alianzas. Algunos historiadores datan este combate entre la comunidad y la domesticidad en el período entre ambas guerras mundiales. La frase Hogar, dulce hogar comenzó a oírse en 1870. Desde entonces la pareja se apartó de la comunidad, se reforzó la relación con los padres y parientes más próximos pero la cohesión familiar se debía a la importancia dada al linaje -que hegemonizaba la relación más que a los  afectos- por lo cual surgían a menudo disputas por cuestiones patrimoniales. Por tanto, el erotismo no era demasiado importante en la vida de la pareja tradicional. El énfasis en el amor maternal también es propio de esta época. Lo que se vislumbra es que el capitalismo favoreció el repliegue de la familia sobre sí misma creando la familia nuclear tradicional porque el crecimiento económico liberó a las madres de la necesidad desesperada de trabajar por lo que pudieron dedicarse más al cuidado de los niños y menos a la producción material. Esto también trajo como inconveniente el hecho de que atribuyó sólo a las madres a la tarea de producir sujetos, es decir, ser las responsables casi exclusivas del desarrollo emocional de los hijos y del mantenimiento del cuidado en la familia, pero a costa de colocarse en una posición de renuncia a deseos propios ajenos al cuidado de otros. Esa era la familia de la Modernidad.

Pero en el siglo XX hubo otra revolución sentimental que creó otro tipo de familia postmoderna que dio mayor importancia a la erotización de la vida cotidiana y al derecho femenino a tener una sexualidad satisfactoria tanto para hombres como para mujeres, por lo que podríamos caracterizarla en tres aspectos cambiantes con respecto a la familia de la Modernidad: el corte de los lazos entre jóvenes y mayores,  la inestabilidad de la pareja y la ruptura de la idea del hogar como nido o refugio para toda la vida. Entonces para ser precisos no es la familia la que se está destruyendo porque a pesar del alto índice de divorcios, las parejas vuelven a casarse, incluso muchas parejas homosexuales optan por el derecho al matrimonio y a la parentalidad. Si nos atenemos a una definición de familia como la que daba Malinowsky como grupo social organizado en función de la reproducción biológica y social (…)y de las prácticas sustantivas de división sexual del trabajo podemos preguntarnos qué queda de esa definición en los hogares monoparentales dirigidos mayoritariamente por mujeres o de aquellos hogares homoparentales en los que los roles  de división del trabajo son flexibles e intercambiables y crean un estilo de parentalidad no exclusivamente sujeto a la consanguinidad. Estos últimos tipos de unidades familiares no renuncian a tener hijos. En los casos de familias monoparentales que han sido producto de una elección personal las mujeres pueden realizar el deseo de tener hijos propios pero no quieren un marido. En el caso de las familias homoparentales el deseo de maternidad y paternidad se puede satisfacer a través de distintas vías. En el caso de las mujeres  pueden optar por la reproducción asistida cuando no aceptan una relación heterosexual, lo que les permite la posibilidad de tener un hijo biológico, o bien optar por la adopción.  En el caso de los hombres, si éstos no quieren concebir a través del contacto heterosexual, pueden también optar por la adopción o por recurrir a pactos concertados con una amiga o a una madre de alquiler, que aunque no sea legal, existe la posibilidad de hacerlo.

En nuestro medio lo que constatamos es una disminución de la fecundidad de la población autóctona aunque la natalidad ha aumentado gracias a la inmigración. Sin embargo, debido a una mayor participación femenina en el trabajo extrafamiliar, un mayor nivel educativo, unas mayores ambiciones de realización profesional,  todo eso lleva no sólo a la postergación del matrimonio sino también a la decisión de las parejas de postergar la descendencia por los inconvenientes laborales que tal decisión acarrea. Hay empresarios que no contratan a mujeres que piensan tener hijos y tampoco las políticas de conciliación de vida laboral y familiar son efectivas como para alentar que una pareja tenga hijos, porque eso hasta el momento perjudica más a las mujeres, que son quienes tienen que renunciar o postergar otros proyectos cuando deciden ser madres, situación inducida y fomentada por la adaptación a los roles atávicos que las socializan para que su identidad femenina se desarrolle alrededor de la maternidad, negando otro tipo de maneras de ser mujer que no pase exclusivamente por tener hijos. En el caso de los varones, a quienes se les educa desde pequeños en el rol de proveedores económicos de la familia, no les afecta de la misma manera tener hijos o no. La postergación de la decisión de tenerlos la justifican  con criterios más económicos –falta de recursos suficientes-. Si bien podemos alegar  criterios más narcisistas, como inmadurez a la hora de aceptar dejar de ser el niño para su mujer y permitir que un hijo los desplace de ese lugar de exclusividad que tenían en el afecto de ella.

¿Cómo afectan a la constitución de nuevas constelaciones familiares otros factores de organización social en nuestras sociedades del primer mundo? Los adolescentes tienen aparentemente más libertad que nunca pero paradojalmente ven bastante cerrado su horizonte laboral por el paro creciente. La adicción a las drogas, la violencia juvenil si bien exceden la responsabilidad de la familia como causa, dan lugar a intervenciones legales que afectan a la familia porque reducen la potestad de los padres. Nuestra población está envejecida y con carencia de recursos para sostenerse en una etapa no productiva. Carencia unida a una ideología que tiende a negar lo desagradable de la vejez, la muerte, desvalorizando a los ancianos, quienes a veces tienden a evitar el contacto con sus coetáneos porque ven en ellos el espejo del envejecimiento que se avecina y les duele aceptar.  Ideología que también y consecuentemente promociona un universo habitado por una juventud endiosada a la que se le propone como modelo de amor la pasión como bálsamo ilusorio ofrecido a las frustraciones. Modelo que atenta contra todo tipo de compromiso.

Paradójicamente lo que suele llamarse la “familia tipo” es bastante atípica en la actualidad. En Estados Unidos sólo el 7% de las familias norteamericanas está compuesta por ambos padres y sus hijos con el padre proveedor y la madre que cuida del hogar. En nuestro país también ha aumentado significativamente la cantidad de personas que viven solas por elección personal. Pero la necesidad de contar con un lugar donde poder relajarse, descansar de la enorme competitividad y agresividad que se necesita para luchar por la vida, hace que la nostalgia de tener una familia se agudice aunque el progreso de democratización de las relaciones entre hombres y mujeres y el estilo de vida más ambicioso hace imposible la familia tradicional sin la renuncia sacrificial de las mujeres, por una parte, ya que no están dispuestas a retroceder en las conquistas sociales que les garantizan la autonomía económica y profesional. Y por otra parte, tampoco los hombres se plantean un recorte a sus ambiciones. Para resolver qué hacer con los hijos, se necesitaría una política de conciliación laboral y familiar que no implicara un renunciamiento sacrificial a ninguno de los miembros de estas familias para no cargar con un peso excesivo a las abuelas o una carga económica extra para pagar el cuidado de los niños, que no todos se pueden permitir.

¿Cómo resolver entonces estos problemas sin un recurso a la utopía dados los tiempos de crisis económicas que estamos viviendo? Por ejemplo, un compromiso político que ayude a las familias con hijos creando guarderías infantiles financiadas por el estado, ayudando económicamente a aquellas familias con hijos numerosos, creando horarios laborales flexibles que permitieran la coordinación con los horarios escolares para poder recoger a los niños cuando salen del colegio sin tener que agobiar a las abuelas. Todo esto suena a utopía dado lo difícil de su realización. Y esto tiene consecuencias en la familia postmoderna. O se renuncia a ciertos deseos de realización personal para sostener una familia -no sin coste sintomático para las mujeres, que son quienes renunciarían- o si se privilegian deseos propios de realización la pareja se resiente y busca la ruptura del vínculo. La frecuencia de los divorcios en la actualidad testimonia este hecho junto con el irrenunciable deseo de felicidad y refugio en la intimidad que el matrimonio promete antes de que aparezcan los hijos con sus demandas que limitan el deseo de los padres. Laing y Cooper, dos psiquiatras ingleses, pronosticaron en sus libros primero El cuestionamiento de la familia y luego La muerte de la familia. Se estaban refiriendo a la familia tradicional, dado que estos autores eran de la década de los años sesenta, pero estos cuestionamientos se pueden aplicar a todo tipo de familias en la actualidad. No es que sea imposible sostenerse en un proyecto matrimonial, alguna necesidad muy poderosa impulsa a que se siga intentando a pesar de todos los inconvenientes, aunque es verdad que los matrimonios que tienen una posibilidad de mayor duración -aunque esto no signifique ninguna garantía- son aquellos que comparten un proyecto laboral común porque una pareja no sólo se sostiene con el amor sino también con la inclusión sus vidas de otros intereses vitales que los anclan en la realidad como es el trabajo creativo y satisfactorio.  

CLAUDIA TRUZZOLI
c.truzzoli@gmail.com
Ampliación del artículo publicado en la Revista Mente Sana nº 67 con el título Vivir en familia, ¿es posible en la actualidad? Título cambiado por la Revista. 

DESOLADA BABY JANE


 
Ella se mira al espejo
creyendo ver en él la hermosa niña,
aunque las insolentes arrugas
desmientan que sea esa.
Reinventa en sus recuerdos
ese añorado aire de reina
que tenía entonces su belleza
y encuentra, a su pesar,
un resto degradado que aún vacila
acercarla a ser princesa.
No quiso en su vida lazos amorosos,
sino el salvoconducto a los placeres
que su imagen le ofrecía
y atrapada quedó en un embeleso
donde el paso del tiempo no contaba.
Apostó con un mal juego
a una carta equivocada
y olvidó llenar sus alforjas
con algo más que el simple afán
de ser deseada.
Ya ni puede llorar su decadencia
sin  pensar que las lágrimas
estropearán ese disfraz de juventud
que el estudiado maquillaje
intenta componer en su mirada.
Ni las fábulas ni las máscaras
que intenta inventar cada mañana
consiguen seducir a Cronos
quien, implacable,
ejecuta su venganza.

CLAUDIA TRUZZOLI
c.truzzoli@gmail.com
Publicado en facebook, en grupo Laie de poesía al que pertenezco el 27 de enero de 2013. 

SISTEMAS CRUELES



Unos niños nos despiertan con sus gritos
porque en su casa se mama la violencia
y mientras el pánico va causando sus estragos
nedie pone coto a su tormento,
es un asunto privado, nos comentan.
Otras veces, más de laa esperadas,
el periódico nos informa del asesinato
de mujeres e hijos a manos de compañeros
presuntamente sentimentales.
Fuera de casa asistimos
al triste espectáculo de quienes
esperan hallar en los containers
el alimento que calme su hambre, 
el mendigo con la mano extendida
que recibe el incómodo desdén 
de quien se sabe afortunado, 
molesto por esa presencia inoportuna
que le recuerda la injusticia.
La lógica del sálvese quien pueda
va ganando peso en la conciencia
obturando salvajemente la esperanza,
mientras crece la desproporción
entre la ambición desatada de unos pocos
y la caída libre en el abismo
de quienes son afectados porsus robos.
El maquillaje de los ideales ha caducado
y deja ver el auténtico rostro
de la más impune de todas las crueldades,
la que deja sin pan, sin asistencia,
sin remedios, sin vivienda, sin apoyos
a los condenados de la tierra
con la perversa complicidad
de sus infames y corruptos dirigentes.

CLAUDIA TRUZZOLI 
c.truzzoli@gmail.com
Publicado en facebook, grupo Laie de poesía al que pertenezco, el 4 de febrero de 2013.

ALIENACIÓN AMOROSA

 

Amarte...
es sentir que las horas del día
se atropellan apurando tu regreso,
vivir que el tiempo se aletarga
cuando espero la vehemencia
de infinidad de pormenores
que en mi memoria se registran.
Amarte
es creer oír tus pasos en la casa
aún cuando sé que no estás,
sentir el dolor de mi impotencia
para darte el todo que quisiera,
soportar tu egoísmo, y a veces,
ansiar que desaparezcas.
Amarte 
es dejar que la angustia te nomine
si no sé donde encontrarte,
convertir las voces que te llaman
en un ramo de ilusiones delicadas
que me llevan a buscarte
con las manos llenas de promesas.
Amarte
es desear la libertad cercenada
de este estado alienante
que me ocupa, me invade, me clausura
y conduce mi anterior energía
a una inmersión desahuciada
donde el erotismo se suicida.

CLAUDIA TRUZZOLI
c.truzzoli@gmail.com
Colgado en facebook, grupo Laie de poesía al que pertenezco, el día 15 de enero de 2013.



 

viernes, 3 de mayo de 2013

FALSAS CORRESPONDENCIAS


FALSAS CORRESPONDENCIAS
Mía,
susurró él al oído de su amada
convencido de que ella le pertenecía.
Mío, 
contestó ella
sintiéndose feliz de ser su elegida.
Él asimiló esa posesión
a un derecho que creyó le era debido
por naturaleza, y por ser hombre,
pensó que ella le debía pleitesía.
Ella asimiló esa posesión
a un deseo, por sentirse valorada
 
 más allá del goce de su cuerpo,
y por ser mujer, pensó
que él agradecería esa entrega.
Ese complementario desajuste
empezó a mostrar fisuras delicadas
que rápidamente se convirtieron
en grietas abismales
cuando él se percató
que no era para ella todo su universo
y ella constató que no era para él
más que un instrumento.

 
CLAUDIA TRUZZOLI
c.truzzoli@gmail.com
Colgado en facebook en el Grupo Laie de poesía al que pertenezco, el día 27 de diciembre de 2012. 
 

miércoles, 1 de mayo de 2013

CINE: LA OLA. Comentario



En esta película que se desarrolla en la Alemania de hoy, un profesor  de instituto, que en su juventud era okupa y que conserva de esa época una pasión por el rock, música que  escucha a todo volumen en su coche mientras corre a alta velocidad dirigiéndose a clase, le asignan por una semana una asignatura que debe dar sobre autocracia mientras a otro profesor muy mayor de tinte conservador le asignan otra sobre anarquía, por lo que ambos se ven forzados a tener que hacerse cargo de una materia que sostiene conceptos ideológicos contrarios a sus ideas.  Los jóvenes de la clase de autocracia comienzan a definir características de un gobierno autocrático y poco a poco, el profesor comienza a interpretar un papel autoritario asumiendo  algunos de esos rasgos en el trato con los alumnos, quienes empiezan a sentir un espíritu de grupo, que les da una sensación de unión y fuerza que contrasta con el vacío que sienten que queda tan bien expresado en una frase que dice uno de ellos en medio de una fiesta con alcohol y drogas: “no tenemos contra qué rebelarnos”. Interesante observación que condensa la caída de ideales, el abandono de unos padres hedonistas que no se preocupan por sus hijos adolescentes, confundiendo permisividad con falta de límites y sin notar que esta generación de jóvenes no tiene un presente que los tenga en cuenta de manera digna. En medio de ese vacío, frustración y desesperanza en el futuro que intentan burlar con excesos de botellón y demás, crece ese sentimiento de pertenencia al grupo y se les van ocurriendo detalles que los cohesionen aún más, por ejemplo, un nombre que los reconozca, -La Ola-, un logo que empiezan a pintar por toda la ciudad, un uniforme, una manera de saludar, una camisa blanca, ésta última sugerida por el


como si la camisa blanca opuesta a la camisa negra fascista, fuera casi un lapsus por donde se le escapara la anarquía, detalle que muestra cómo los extremos se tocan. Los padres llaman al colegio y agradecen al profesor por el cambio que han visto en sus hijos, quienes han encontrado sentido y límites claros en sus vidas, al refugiarse en una figura de autoridad que los hace sentir  amparados por la grandeza que idealizan.


Poco a poco todos los protagonistas se ven desbordados por este movimiento que les da una sensación de poder: del lado de los alumnos porque encuentran en la figura del líder autocrático el yo ideal que anula el sentimiento de vacío y sobrepasa los límites que afectan a cualquier ser humano, del lado del profesor porque está fascinado con el poder que le hace sentir la idealización que recibe de sus alumnos. Quien les alerta del cambio que están experimentando es una alumna a la que no le gusta lo que ve y le preocupan las transformaciones percibidas en sus compañeros convertidos en déspotas que excluyen a quienes no se integran en el movimiento.


 La mayor víctima del mismo es un alumno inseguro, débil, que es capaz de arriesgarse a pasear por toda la ciudad con una bolsa de drogas para regalarla a sus compañeros sólo con el fin de hacerse aceptar por ellos, quien ve en este profesor no sólo al padre que quisiera tener, sino la familia alternativa que quisiera tener cuando lo visita en su casa particular. Este mismo joven pone el acento en la disciplina como el carácter más elogiado de la autocracia, rasgo que muestra su deseo de sumisión. El profesor empieza a ver con preocupación este movimiento del que él es responsable cuando en un  partido de voleibol, un alumno intenta ahogar a un disidente, lo que le obliga a intervenir para evitarlo. 


Este hecho lo despierta de la fascinación que disfrutaba con la admiración de sus alumnos y el poder que tenía sobre ellos, satisfacción narcisista de la que despierta cuando percibe el peligro que ha desatado al manipular el vacío de los jóvenes, insuflando valores totalitarios. Entonces cambia radicalmente de actitud  y pone en juego una última estrategia revulsiva. Llevan a clase al alumno de la pelea entre varios y el profesor les pregunta si quieren tirarlo por la ventana. Los alumnos dicen que sí, entonces, les interrogan porqué lo harían, si acaso es sólo porque él lo dice.  Esa pregunta sorprende y desconcierta a los alumnos porque rompe la ilusión de unidad al enfrentarlos con su autocrítica personal e individual, hecho que no es soportado por ese alumno tan inseguro, que lo había tomado como un padre elegido,  el que al sentirse defraudado por su líder, soporte de su yo ideal, intenta matarlo y al no poder hacerlo, se dispara a sí mismo un tiro en la boca. El profesor es detenido ante del estupor de los alumnos.


Dramático final que muestra el peligro de confundir una autoridad necesaria que ponga límites claros que velen por el desarrollo de una subjetividad que aumente la propia autonomía con el autoritarismo ciego que exige sumisión acrítica. Límites que por supuesto tienen que ser asumidos también por quien tiene que imponerlos. El padre terrible freudiano, despótico, que no está sujeto a ninguna ley que lo limite, sino que cree que él es la ley, aparece cuando el padre simbólico falta, el que se somete a la ley que rige para todos los otros, que sabe de sus propios límites y no intenta  gozar del poder de someter a otros a su voluntad.  Es peligrosa la seducción que ejerce un líder que le hace creer a sus seguidores acríticos que participan de la expansión del yo ideal omnipotente al identificarse con su grandeza. Una película que alerta del peligro de la repetición de un fenómeno que ha producido horror en la historia de Alemania pero que no es ajeno a cualquier otro país por los resortes subjetivos compensatorios que ofrece frente a la falta, ya no sólo subjetiva, sino a la falta de oportunidades reales que den soporte y dignidad al presente precario que viven los jóvenes actuales. Fenómenos como los ocurridos en la banlieu parisina o los más recientes en Grecia, deberían alertar a los políticos de la importancia de este tema, puesto que a la precariedad de la economía, a la falta de esperanzas en un futuro, se une la precariedad psicológica que está hambrienta de estímulos y de líderes con los que poder identificarse y reeditar la esperanza de una vida más digna que la que hoy mismo tienen frente a sí los más desfavorecidos.   

CLAUDIA TRUZZOLI
c.truzzoli@gmail.com
Presidenta de la Sección Dones del COPC en el momento de publicación de este comentario en la Revista del Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya nº 216 de febrero/marzo del 2009.        

CINE: CAMILLE CLAUDEL. Comentario.


CAMILLE CLAUDEL EN 1884

Camille Claudel, una escultora cuya creatividad deslumbró a Rodin hasta el punto de que él llegara a decir de ella que no necesitaba maestros dado que sus obras impresionaban como si se tratara de seres vivos más que de barro, tuvo una existencia más tormentosa aún desde  el momento en que se convirtió en la amante de Rodin. En su familia originaria el único que creía en sus potencialidades creativas era su padre quien la apoyaba moral y económicamente para que ella pudiera compartir un estudio modesto con otra mujer extranjera que también esculpía. Su madre en cambio, nunca reconoció el talento de su hija a quien consideraba una excéntrica, una desgracia porque su hija se comportaba con una libertad que  sólo podían permitirse los hombres. Ella era capaz de salir de noche sola para robar un barro especial para hacer sus esculturas llevándolo a su casa en una maleta, desaparecer de su hogar familiar sin dar ninguna explicación, llevar una vida que sólo se entiende si se considera la entrega apasionada que Camille Claudel ponía en sus obras. Ya desde pequeña hacía pequeños esqueletos de barro y los cocía en el horno de su casa, conducta que hizo decir a su madre que su hija tenía la locura del fango.

LA EDAD MADURA

Ella abandonó la Academia, hecho no insólito en muchos artistas creativos que no se plegaban a las exigencias académicas convencionales e iniciaban una trayectoria creativa individual. Pero un profesor suyo le pide a Rodin que le dé clases particulares y cuando éste se presenta en el pequeño estudio de Camille, se queda impresionado por la vitalidad de sus esculturas pero no le reconoce ningún mérito, sino que intenta desvalorizarlas de algún modo y se limita a hablar de sí mismo. Ella se da cuenta de eso y siente una gran antipatía hacia Rodin a quien considera pedante pero al que le dice antes de que se vaya que quiere trabajar el mármol. Con esa intención va un día al estudio de Rodin a buscarlo. Elige justamente un tipo de mármol muy difícil de trabajar porque un golpe mal dado podía destrozar toda la pieza. Cuando Rodin se entera se queda más impresionado aún por la audacia de ella y ni qué decir la admiración que siente cuando ella le lleva la escultura de un pié para que él la firme, costumbre muy típica de grandes maestros que firmaban obras que eran de sus alumnos. Rodin dedicaba gran parte de su tiempo a relacionarse con personajes políticos de quien esperaba obtener beneficios para seguir promocionándose y exigía a los alumnos de su estudio que hicieran el grueso de sus obras y él le daba los toques finales.
  

SAKOUNTALA

Cuando comienza su relación amorosa con Camille, ésta sabe que es un hombre que está comprometido con una mujer a la que nunca abandonó, a pesar de ser un reconocido libertino que tenía aventuras con todas sus modelos y cuya sensualidad había sido comparada con la de Víctor Hugo. Camille se entrega a él de manera que deja de trabajar en su propia obra para dedicarse a ayudar a Rodin a completar las suyas. En principio, apoyada por su padre, quien aprueba que ella vaya a trabajar con Rodin a Paris, pensando que así su hija sería reconocida en lo que valía. Pero cuando se da cuenta que su hija en un año no produjo ninguna obra propia, que faltaba poco tiempo para que se abriese una gran exposición donde ella podría haberse dado a conocer, le llama la atención y le dice que ella no necesita a Rodin para existir, que ella ya era creativa antes de conocerle, que ella es una Claudel, que ellos son diferentes. Sospechando que Rodin se aprovecha de ella, le pregunta si le está pagando por su trabajo –no recibía dinero de Rodin- y le dice que no es conveniente que los vean mucho juntos porque daría lugar a murmuraciones. El padre sabe lo que sucede entre ella y Rodin y también sabe que éste no permitirá que su hija lo supere. Hay una escena muy emotiva entre la hija y su padre cuando éste le dice que cuando él falte ella no tendrá a nadie que la apoye. Lo cual es tristemente verdad. Ni su época, ni su madre ni su hermano pueden comprenderla.
  

EL VALS

 La relación con su hermano Paul es muy entrañable para ella. Él es un anarquista tímido en principio que agradece que su hermana le haya dado a conocer a Rimbaud, no puede enfrentarse a una madre despótica y a un padre que lo desprecia. Finalmente encuentra en el catolicismo un recurso que lo salva y en Dios un padre en quien creer. Quiere ser escritor y tener éxito.  Dentro de su familia el espacio del reconocimiento estaba ocupado por su hermana quien tenía fascinado a su padre. Sin embargo, cuando quiso huir de ella, encontró el apoyo de su madre quien siempre pensó que Camille era una mala influencia para Paul. Éste empieza a dedicarse a la política gracias a una  recomendación de Rodin y llega a ser vicecónsul además de un escritor famoso. Mientras tanto la relación entre Camille y Rodin va pasando por el tormento de la rivalidad que siente él siente por ella, a quien admira por su fuerza creativa de la que él se siente carente y reconoce que ella se ha convertido en su única fuente de inspiración. Pero no puede admitirlo frente a ella misma. Una escena de la película los muestra enfrentados y ella llega a decirle que él está celoso de su obra, él intenta hacerle creer que ella lo copia, pero ella sabe que no es verdad. Critica a Rodin que dedique gran parte de su tiempo a tener reuniones sociales con personajes políticos y ella se niega a acompañarlo, sólo quiere trabajar y crear. Un embarazo llega a complicar su existencia, le pide a Rodin que se case con ella pero éste no responde. En un momento determinado la mujer de Rodin se presenta en el estudio de Camille e intenta matarla. Le dice que nunca lo tendrá. Camille le pide a Rodin que elija entre su mujer y ella. Él tampoco puede decidirse y después de algunas rupturas, alejamientos y nuevos reencuentros entre ambos, él le dice que se acabó la historia, que no quiere más complicaciones sentimentales. Camille va a buscar refugio en la casa de su hermano y le cuenta que ha abortado, que le deje quedarse en su casa por unos días, pero no encuentra al hermano que ella dejó sino a otro muy cambiado, convertido al catolicismo y muy rígido.


Ella entra en un proceso de deterioro cada vez más grande, se encierra, se abandona, bebe. La rescata un marchante que cree en ella y le da la oportunidad de exponer en su propia galería. En esa ocasión se presenta su hermano con intención de promocionarla y le hace un discurso de presentación aludiendo al poco favor que Rodin le había hecho, cuando ella se presenta medio ebria, vestida como una cocotte, escandalizando a su hermano y a todo el público que estaba presente. Paul se marcha humillado y avergonzado sin despedirse de ella, hecho que la deja absolutamente sola, sin ningún apoyo familiar, dado que su padre había muerto poco tiempo antes. Unido al hecho de que en la exposición no se ha vendido ninguna de sus obras, la marcha de su hermano termina de hundirla. Se encierra en su casa, tapia todas las ventanas, destruye las obras de yeso que tenía –algunas muy hermosas-. Se salvan las que ella dejó a su marchante, obras de mármol y de bronce. Pierde todo interés vital y sin embargo, no deja de ir a espiar a Rodin cuando vuelve a su casa, sin que éste la vea. El abandono de Rodin le desencadena un delirio paranoico que le hace pensar que Rodin y su camarilla quieren perjudicarla, que maquinan contra ella y comienza a perder todas las oportunidades donde Rodin quiso ayudarla, por ejemplo cuando la invitó a ir a Viena a exponer, siendo la primera mujer que accedía a ese honor, honor que ella rechazó, entre otros.

EL ABANDONO

En fin, la historia termina con que su hermano a petición de su madre la hace internar en un manicomio. La rivalidad de su hermano con ella queda expresada en una frase que él dice: “yo he triunfado, ella no”. Es desgarradora la escena donde se la llevan al manicomio frente a la mirada durísima y fría de su madre y su hermano que no parecen conmoverse en absoluto frente a la mirada desesperada de ella. En el manicomio permanece treinta años encerrada sin recibir ninguna visita de nadie. En una carta que ella envía a su hermano le dice que los manicomios son una fuente de infelicidad, le habla de la ternura que siente por él, le pide que vaya a visitarla, y le advierte que se cuide de Rodin en un tono que delata su paranoia.


Es propio del delirio paranoico hacernos creer en la cordura de quien sostiene el discurso, excepto por ese desliz donde aparece la persecución. La locura de Camille, mezclada con su extraordinaria lucidez para captar las verdaderas motivaciones de Rodin, seduce y aterra  a cualquier persona que no sea psicótica. La extraordinaria creatividad artística del psicótico, la agudeza psicológica, su convicción de saber sobre los motivos más inconscientes de los otros al punto de convertir la certidumbre en certeza, la audacia de saltarse las convenciones y prescindir totalmente de la opinión ajena para vivir de acuerdo con sus deseos, hacen de la psicosis de Camille un poderoso atractivo que la hace inolvidable pero de la que hay que huir porque no conoce límites entre ella misma y el otro y convierte sus deseos en exigencias que cuando no son satisfechas se vuelve violenta. Unido a su entrega absoluta en el amor, la psicosis muestra la falta de separación entre uno y otro, colocando al sujeto del lado de la alienación, dado que la operación de la separación es necesaria para construir una subjetividad propia separada del Otro fundamental.



NAUFRAGIO

Ambientada antes del 1900, la historia de vida de la hermana del escritor Paul Claudel, es más de las tantas historias  trágicas de mujeres que han sufrido el entrecruzamiento de una manera particular de amar sin límites y la falta de entendimiento de una época que no permitía a las mujeres una existencia que no estuviera destinada al matrimonio para quedar bajo la tutela de un hombre. Amar sin límites para el prejuicio popular es índice de vínculos apasionados con la carga de idealización que nuestra cultura les proporciona, pero el apasionamiento también participa de la alienación en el otro, característica que comparte con la estructura psicótica. La psiquiatría del siglo XIX sólo consideraba la reclusión en un manicomio a las mujeres que se salían de la norma, mientras que los hombres afectados por procesos psicológicos similares, quedaban en la sombra. ¿Cual hubiera sido la vida de Camille si hubiera contado con una psiquiatría dinámica que hubiese apoyado su creatividad, la hubiese contenido como un nudo que sujetara su subjetividad, con un medio social que considerara a las mujeres sujetos con  derecho a las mismas oportunidades que los hombres? Seguramente su vida hubiera sido otra y nosotros podríamos disfrutar de toda su producción artística, que su desesperación la llevó a destruirla.  Lástima… porque lastima tanto sufrimiento estéril  y tanta creatividad destruida.



CLAUDIA TRUZZOLI
Presidenta de la Sección Dones en el momento de esta publicación en la  Revista del Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya nº 221 de diciembre/enero 2010.